A más de dos meses del doblete sísmico que sacudió a Caracas, decenas de familias permanecen en condiciones precarias, habitando refugios improvisados tras perder la seguridad de sus hogares. En el sector de El Junquito, un grupo de damnificados ha instalado el campamento denominado "Fuerza y Razón" en el estacionamiento de un edificio afectado. Allí, la cotidianidad se ha transformado en una lucha constante por la supervivencia, marcada por la incertidumbre sobre el futuro de sus viviendas y la falta de respuestas institucionales para las reparaciones estructurales necesarias.

Para muchas familias, la vida se ha reducido al espacio limitado de una carpa. Este es el caso de Maryori Goeti, quien desde el 24 de junio convive junto a sus cuatro hijos en apenas dos metros cuadrados. La situación es particularmente crítica para su hijo adolescente, Enmanuel, diagnosticado con autismo moderado e hidrocefalia congénita. El cambio abrupto de entorno y la pérdida de su rutina han provocado un deterioro en su comportamiento, manifestado en ciclos de sueño erráticos, irritabilidad y una dependencia constante de medicamentos que escasean. La convivencia en el refugio, donde varias familias comparten áreas comunes sin divisiones, complica el descanso y el bienestar de los menores.

Las condiciones sanitarias y de infraestructura en estos espacios temporales son limitadas. El suministro de agua no es constante, obligando a los residentes a almacenar el recurso en recipientes para cubrir sus necesidades básicas. Ante la ausencia de servicios adecuados, dependen de baños portátiles donados por organizaciones civiles y han improvisado áreas de aseo en zonas que, paradójicamente, se encuentran dentro del perímetro de riesgo estructural del edificio. Las recientes lluvias han agravado la situación, provocando filtraciones que mojan los colchones y exponen a los damnificados a mayores riesgos de salud.

El impacto emocional y físico también afecta a las mujeres gestantes, un grupo especialmente vulnerable en este contexto. Según datos de organismos internacionales, miles de embarazadas se encuentran en situaciones similares, enfrentando riesgos de partos prematuros debido al estrés y la falta de atención prenatal adecuada. En el refugio de El Junquito, mujeres embarazadas reportan dolores abdominales y malestares vinculados a la tensión de vivir en la intemperie, temiendo que las condiciones del entorno afecten el desarrollo de sus hijos.

La organización diaria en el campamento es fundamental para resistir. Mientras algunos adultos salen a trabajar para obtener sustento, otros se encargan de la vigilancia, la limpieza y la preparación de alimentos. Recientemente, voluntarios han realizado jornadas de atención psicológica y actividades recreativas para los niños, buscando mitigar el impacto emocional del desastre. Sin embargo, la demanda principal de los afectados sigue siendo la misma: una inspección técnica por parte del Estado que determine la viabilidad de retornar a sus apartamentos y el apoyo necesario para las reparaciones, poniendo fin a una espera que ya suma 64 días.